lunes, 2 de marzo de 2009

Final 1

Aunque mi idea original era, y sigue siendo, que la historia sea larga, tengo aqui el caso de una de las primeras lectoras. A la cual el primer capitulo le ha llevado ya hasta el final de la historia. Ella como es muy timida no lo quiso publicar en un comentario, y yo como soy muy malo, no me lo tengas en cuenta, no he podido evitar compartirlo. Por tanto aqui teneis el Final 1 por Raquel

"Ezhar pestañeó no una vez, sino dos veces. ¿Sería una broma de Yaval? ¿Cómo podía haberse vuelto de repente el cielo de color verde?
Vale que había oído a los mayores preocuparse porque la Tierra estaba sufriendo y transformándose por culpa de la contaminación y otras cosas, ¡pero no esperaba verlo ya a sus siete años!
Y, bueno, si sólo era que el cielo se había vuelto verde, si sólo se trataba de eso, podría acostumbrarse. Sería complicado porque entonces necesariamente la hierba debería volverse azul. Si no, a ver quién distinguía ahora el horizonte en los paisajes.
Pero decididamente podría acostumbrarse.
Sólo se trataba de un color. No tenía por qué entrañar ningún otro peligro...
¿O sí? ¿Era por eso que mamá había preparado un desayuno especial en sábado? ¿Ocurría algo más que se le escapara a su diminuta cabecita?
Estaba a punto de volverse y abrir la boca para preguntarselo a su madre cuando advirtió que el cielo se escurría por el cristal de la ventana. Estaba algo viscoso y con espuma al final...
Y entonces papá le sonrió desde el otro lado con una esponja y las manos llenas de espuma.
¡El cielo no se había vuelto verde! ¡Su mundo no estaba sufriendo ninguna horrible transformación! Sólo estaban limpiando los cristales con aquel gel verde que tan fuerte olía. Menudo alivio..."

sábado, 28 de febrero de 2009

Capitulo 1

¿Dónde comienzan las historias? Esta empieza en un hecho singular. En uno de aquellos que hacen que no vuelvas a ver el paisaje del mismo modo. De aquellos que no te cambian los ojos si no la forma de mirar. De esos que provocan que te des cuenta de que el protagonista de tu vida eres tu. Y en este caso la protagonista de la historia es Ezhar.

Ezhar es pequeña, y decimos pequeña porque ella misma se considera bajita para su edad, aunque solo sea un par de dedos más baja que sus compañeros más altos. A sus siete años muestra una soltura que avergüenza a su madre, pero que a su vez resalta esa inteligencia vivaracha que tanto la enorgullece. Lo que implica que cada una de sus innumerables, e incisivas preguntas diarias sean como decenas de precipicios cuya profundidad no sabe explicar.

No cabe duda de que es imposible encontrarla en el mismo lugar en dos momentos consecutivos. Salva la excepción aquellos lapsos donde dedica todos sus sentidos a cualquier fenómeno que haya llamado su atención. Así paso horas en su habitación pegada al cristal de su ventana observando las gotas de agua derramadas por una tormenta.

Ezhar solo tiene dos juguetes. Y encima uno le cae mal. Mouyi y Yaval. Mouyi es un oso de peluche blanco con un lazo de cuadros al cuello. Como todos los osos de peluche es cariñoso, y a todo lo que le preguntes te responde con un abrazo, lo cual, de hecho, es una de sus especialidades. Por otra parte Yaval es una recreación en suave de un hombre con bigote y un sombrero raro. Otros dirían que es una bruja, quizás hasta dirían que es una bruja simpática. Pero para Ezhar no es más que un hombre con bigote que no hace mas que decirle lo que tiene que hacer, lo que está mal y lo que no.

No hay que decir cual de los dos es el que le cae mal.

Todos los días la misma historia. Para Ezhar es una aventura levantarse de la cama y no porque sea perezosa, si no porque su cama es su mundo, sus planes, sus sueños y además hace calorcito. Comparte el sueño con Mouyi y Yaval, a este último es incapaz de dejarlo fuera de porque aunque dice que le daría pena, realmente le tiene cariño. A veces piensa que es el único que no le trata como la niña que es.

-“Arriba Ezhar. Vamos… Que aunque sea sábado como no te levantes pronto te vas a quedar sin mañana, y hoy además tenemos un día precioso.”

Las palabras de su madre se esforzaban por reabrir los ojos de Ezhar. Y esta cada vez que lograba entreabrirlos se encontraba la mirada inquisitiva de un muñeco con bigote.

-“No me mires asiiii. Ahora me levanto… Solo es un momento…”

Aun con los ojos cerrados sabia que le miraba. Y es que hay miradas que pesan en la nuca. Esta además no la iba a dejar dormir

Se incorporo por fin, con idea de echar lo pies al suelo. No sin antes devolverle la mirada a si inquisitivo despertador.

-“Me caes mal ¿Lo sabes?”

-“Lo sé” -Respondió Yaval mientras esbozaba una media sonrisa de victoria.

Decidida por fin a comenzar el día, se calzo sus zapatillas “de andar por casa” y bajo a darle los buenos días a su madre.

-“Quedaos aquí, luego subo a por vosotros. Y no discutáis.” –Les dijo a sus dos compañeros mientras les enseñaba su dedo índice con aire de mandato.

Mientras bajaba por las escaleras percibió el olor de un desayuno especial de domingo. El porqué de un desayuno de domingo en sábado apenas se retuvo un par de segundos en su mente. El olor de tostadas y chocolate fue suficiente como para distraerla de una cuestión que no tenía la menor importancia.

-“Buenos días. Por fin se levanto la reina de la casa”

Entrada a la cocina Ezhar le dedico a su madre la mejor de sus sonrisas, aderezada con una pareja de sus besos mas cariñosos.

-“Ezi, amor. Así te voy a hacer este desayuno todos los días.” –Madre comento sorprendida por lo halagador del saludo.

-“Eso. Eso, todos los días. ¿No entiendo porque no desayunamos esto todos los días? ”
-"Porque entonces este no sería un desayuno especial, si no que el desayuno especial seria el que tomas todos los días."
-"No, pues entonces… dejemos este solo para días especiales. ¿No?" -Contesto cariacontecida la pobre Ezhar, que no estaba muy segura de si su madre la había liado con un sencillo juego de palabras.

Aun ligeramente confusa a la par de hambrienta, siéndolo más si cabe a la vista de los manjares preparados. Se sentó ávida a la mesa. Con todo preparado para comenzar el festín, y justo cuando iba a comenzar, cayo en la cuenta de que le faltaban las herramientas básicas de una comida civilizada, los cubiertos. No lo pensó dos veces, y decidió que la civilización podría quedarse a un lado y esperar a la comida del mediodía. Así que se dispuso para atacar con las manos.

-“SSStt. Con las manos no. Eh!!” –Interpuso su madre al ataque.

Apesadumbrada, se calzo de nuevo las zapatillas, y bajo de su silla, tomando camino hacia el cajón de los cubiertos.

Una vez se hizo con sus tenedor, cuchillo y cucharilla, preparada para la vuelta, percibió el calor del sol que entraba por la ventana que estaba cercana al cajón de los cubiertos.

Por ello y porque madre le había anunciado una preciosa mañana, decidió echar un ojo por la ventana. Y vio que el cielo era verde…